En efecto, una grave enfermedad provocó que Rosales viniera a Murcia en busca de un remedio que, lamentablemente, no encontró. Pero su estancia en la ciudad, concretamente el Algezares, fue, aunque breve (dos años), fructífera. Aquí pintó obras importantes como “El naranjero de Algezares”, “Venta de novillos”, “Paisaje de la Fuensanta”..., sin olvidar las grandes composiciones decorativas como las dos del palacio del Marqués de Portugalete, hoy desaparecidas, o las pechinas para la iglesia madrileñaa de Santo Tomás, que representan a los cuatro evangelistas y que dejó inconclusas al fallecer prematuramente. Mención especial, por su delicadeza y por el valor sentimental que para los murcianos entraña, es el dibujo a lápiz de la Virgen de la Fuensanta.

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